Urioste no recibió una oficina vacía. Recibió una institución cuestionada y, en sus propias palabras, “manchada”.
Anunció auditorías y revisión de casos que generaron preocupación pública, entre ellos procesos relacionados con liberaciones de personas acusadas de narcotráfico, integrantes de bandas internacionales y otros delitos graves.
También afirmó que la Fiscalía se habría convertido en un “brazo extorsivo y de encubrimiento”. Es una acusación severa y, precisamente por eso, ahora corresponde que sea respaldada por investigaciones, documentos y procedimientos, no solamente por declaraciones públicas.
Aquí empieza el verdadero examen.
Una auditoría seria no debería convertirse en una cacería política ni en una operación para ajustar cuentas con la anterior administración. Tiene que establecer qué ocurrió, quién intervino, qué decisiones se tomaron, qué controles fallaron y, cuando corresponda, qué responsabilidades existen.
Urioste tiene experiencia judicial. Fue juez, vocal y decano del Tribunal Departamental de Justicia del Beni, además de docente y especialista en Derecho Constitucional y Derecho Agrario.
Por eso la sociedad puede exigirle algo más que un discurso de ruptura.
Técnica jurídica. Independencia. Transparencia. Resultados.
Y hay una línea que no debería confundirse: para transformar una institución puede necesitar respaldo político, pero ese respaldo no puede convertirse en instrucciones sobre a quién investigar, a quién proteger o qué expediente acelerar.
Ese será uno de los puntos más delicados de su interinato.
Porque si Urioste solamente reemplaza a unos funcionarios por otros, habrá cambiado el elenco. Si convierte las auditorías en procesos técnicamente sustentados, corrige fallas y devuelve previsibilidad al Ministerio Público, estará intentando cambiar la institución.
El propio Urioste sostuvo en 2024 que la independencia judicial debía ser la base de la justicia y que se necesitaban instituciones sin injerencia política.
Ahora tiene la oportunidad —y la obligación institucional— de llevar esa idea del discurso al expediente.
La Fiscalía no necesita otro discurso sobre los últimos 20 años. Necesita que alguien asuma el mando, abra los expedientes y demuestre, caso por caso, qué estuvo mal y qué va a cambiar.
Ahí se verá si Urioste llegó para administrar el interinato o para dejar una huella institucional.
Por Equipo de redacción
