Primero fue el audio con Alejandro Reyes. Después llegaron las explicaciones, las denuncias de manipulación y el cruce de versiones. Cuando parecía que ese capítulo empezaba a enfriarse, apareció otro: una conversación atribuida a Cerimedo y al ministro Zamora.
Esta vez, el libreto habla de un supuesto operativo para dar con Evo Morales, equipos de vigilancia, vehículos, infiltrados y una cifra que no pasa desapercibida: entre siete y ocho millones de bolivianos.
Pero ojo: una cosa es lo que se escucha en una grabación y otra, demostrar que el plan existió, que el dinero estaba disponible o que las autoridades mencionadas dieron luz verde. La autenticidad del audio, su contexto y las afirmaciones que contiene deben establecerse mediante una investigación seria.
La pregunta ya no es solamente qué dijo Cerimedo. Es si actuaba por cuenta propia, quién habría respaldado el supuesto plan y qué papel tuvieron —si alguno— las autoridades del Gobierno.
Zamora tiene que aclarar si reconoce la conversación y si participó en alguna gestión relacionada con ese operativo. Y si aparecen indicios de uso de recursos públicos o actuaciones fuera de la ley, la Fiscalía tiene que investigar sin mirar el color político de los involucrados.
En esta novela, cada capítulo sube la apuesta. Pero el país no necesita más episodios de declaraciones cruzadas: necesita saber qué es cierto, quién responde y qué pruebas existen.
Por Equipo de redacción
