Sáb. Ago 22nd, 2026

Récord del oro a $3.017: la oportunidad que Bolivia dejó pasar

El oro superó los 3.000 dólares por onza, marcando un hito en la historia financiera global. Sin embargo, para Bolivia, este récord resalta una oportunidad desaprovechada: en la época de bonanza (2006-2014), el país no fortaleció sus reservas con más oro, dejando hoy un margen de maniobra limitado en medio de la crisis de divisas.

Este pasado 14 de marzo de 2025, el precio del oro marcó un hito histórico al superar los 3.000 dólares por onza en la bolsa Comex de Nueva York, cerrando la jornada con un máximo intradiario de 3.017,10 dólares. Este ascenso, que refleja un aumento del 15,56% en lo que va del año, consolida al metal precioso como un activo refugio clave en medio de la incertidumbre económica global. Sin embargo, para Bolivia, este récord no solo resalta la fortaleza del oro, sino también una oportunidad perdida: la falta de previsión durante los años de bonanza para acumular reservas que hoy habrían sido un salvavidas.

Entre 2006 y 2014, Bolivia vivió una época dorada impulsada por los altos precios del gas natural. Las Reservas Internacionales Netas (RIN) alcanzaron un pico de 15.122 millones de dólares en 2014, con 13.462 millones en divisas y 1.481 millones en oro. Era un momento de abundancia que ofrecía una ventana única para diversificar y fortalecer las reservas, particularmente en oro, cuyo valor ha crecido más del 150% desde entonces. Países como Rusia o China aprovecharon períodos similares para aumentar sus tenencias del metal, protegiéndose contra futuras crisis. Bolivia, en cambio, destinó gran parte de esos ingresos a gasto corriente, subsidios y proyectos inmediatos, dejando poco margen para un ahorro estratégico.

Hoy, con las RIN reducidas a 1.905 millones de dólares (según datos del Banco Central de Bolivia hasta agosto de 2024) y las divisas líquidas en niveles críticos —estimadas en menos de 100 millones en 2025—, el oro representa el 95% de las reservas. Aunque sigue siendo un respaldo valioso, su cantidad no refleja una acumulación significativa de los años prósperos. Si el gobierno de turno hubiera priorizado comprar más oro cuando los recursos abundaban, Bolivia podría contar ahora con un colchón financiero mucho mayor, capaz de mitigar la escasez de divisas y la dependencia de importaciones como los combustibles.

La lección es clara: las épocas de bonanza son efímeras, y el ahorro en activos de refugio como el oro puede ser la diferencia entre la estabilidad y la vulnerabilidad. Mientras el mundo celebra el nuevo récord del oro, Bolivia enfrenta una realidad más amarga: lo que pudo haber sido un escudo para las épocas flacas se desvaneció en la euforia de los tiempos de abundancia.

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