A medida que Bolivia se acerca a las elecciones de 2025, Jorge «Tuto» Quiroga emerge como una figura que podría canalizar el descontento con la gestión de Luis Arce y la sombra persistente de Evo Morales. Para Marcelo Vargas, analista político, los sondeos recientes que sugieren un respaldo creciente en Santa Cruz y entre los jóvenes reflejan una oportunidad concreta, aunque no exenta de retos. “Quiroga tiene un camino, pero necesita transformar la insatisfacción popular en apoyo electoral sin caer en promesas vacías o en una confrontación que lo limite”, señala Vargas.
La crisis actual –inflación cercana al 6%, escasez de combustible y un crecimiento económico por debajo del 2% en 2024– ha erosionado la confianza en Arce, quien asumió el poder con la promesa de estabilidad tras el caos de 2019. Este desgaste abre una ventana para la oposición, y Quiroga, con su alianza «Libre», parece posicionarse como una alternativa de centro-derecha. Su experiencia como presidente entre 2001 y 2002 y su discurso técnico lo diferencian de figuras más polarizantes como Luis Fernando Camacho, mientras que su rechazo al MAS lo alinea con el sentimiento crítico al oficialismo que predomina en regiones como Santa Cruz.
Sin embargo, Bolivia no se gana solo desde el oriente. El MAS, aunque fracturado por las tensiones entre Morales y Arce, mantiene una estructura sólida en el altiplano y áreas rurales, donde la figura de Evo –inhabilitado para 2025 por el TCP– sigue siendo un símbolo de inclusión. “Para competir, Quiroga necesita un programa que convenza a un electorado diverso y escéptico, no solo a su base natural”, apunta Vargas. Propuestas como diversificar la economía con inversión privada en litio o reducir la dependencia de importaciones de combustible podrían ser atractivas, siempre que estén respaldadas por planes específicos.
En Santa Cruz, un énfasis en la agroindustria podría consolidar su apoyo, mientras que en Potosí o El Alto, hablar de minería sostenible o empleo formal podría ampliar su alcance. “El riesgo está en promesas generales que no se materialicen. Bolivia castiga a quien no cumple”, advierte el analista. El precedente de Branco Marinković, cuyo discurso confrontacional lo restringió a un respaldo regional antes de su exilio en 2009, es una lección clara: Quiroga no puede alienar votantes con una postura agresiva, pero tampoco puede pecar de tibio como Carlos Mesa en contiendas pasadas.
“Una mezcla de audacia controlada –como garantizar menos colas de combustible en seis meses con alianzas internacionales– y pragmatismo podría ser su fórmula”, sostiene Vargas. Aunque es pronto para predecir su éxito, el descontento con Arce y la fragmentación del MAS le dan a Tuto una oportunidad que no tuvo en 2020, cuando apenas rozó el 1.2% de los votos. Si logra ofrecer una propuesta creíble y adaptada a la complejidad de Bolivia, 2025 podría marcar su regreso. De lo contrario, será otro nombre en la lista de opositores que no descifraron al país.
Redacción central
