Llallagua, 12 de junio de 2025 –
Los violentos enfrentamientos en Llallagua, Potosí, que dejaron un saldo de tres policías fallecidos y decenas de heridos, han puesto en evidencia una crisis sistémica en Bolivia. La tragedia ha detonado una serie de acusaciones cruzadas entre el gobierno de Luis Arce, el expresidente Evo Morales y las fuerzas policiales, en un contexto de bloqueos, escasez de combustible, inflación creciente y elecciones generales previstas para agosto.
Un comunicado anónimo de policías de base, difundido tras la emboscada, revela condiciones deplorables en las que fueron desplegados: sin equipamiento antidisturbios, sin alimentación y en número insuficiente para enfrentar a bloqueadores armados con dinamita e incluso armas de fuego. Los efectivos, que lamentan las muertes de los subtenientes Brayan Barrozo Rodríguez y Carlos Enrique Apata Tola, además del sargento Jesús Alberto Mamani Morales, acusan al gobierno de Luis Arce de negligencia y de usarlos como “carne de cañón”.
Las críticas también apuntan al ministro de Gobierno y al comandante de la Policía, Augusto Russo, por abandono institucional. Los policías exigen no ser usados como herramientas políticas en la lucha interna entre Arce y Morales.
En paralelo, Evo Morales, líder del MAS y principal impulsor de los bloqueos, presentó un plan económico de diez puntos que busca posicionarlo como alternativa ante el colapso económico. Sus propuestas incluyen reactivar sectores clave (litio, gas y agroindustria), reducir el gasto estatal y asegurar el abastecimiento de combustible en dos meses mediante créditos externos. Sin embargo, su plan carece de detalles financieros y choca con una realidad de reservas internacionales críticas
Mientras tanto, el presidente Arce descarta renunciar, denuncia sabotajes políticos y ha ordenado operativos militares y policiales para desbloquear las carreteras. Su enfoque represivo refuerza las acusaciones de Morales y del sector policial, quienes lo responsabilizan por la falta de liderazgo frente al deterioro económico.
El conflicto entre Arce y Morales, ha convertido la crisis en una batalla por el control político del país. Los bloqueos, impulsados por los sectores evistas, han provocado desabastecimiento y encarecimiento de productos básicos, mientras que las acciones del gobierno han derivado en más violencia.
En medio del caos, los policías exigen respeto, condiciones dignas y un cese a su uso como brazo operativo en una guerra interna. La falta de diálogo, la polarización y la ausencia de un plan económico integral agravan una crisis que amenaza con intensificarse. Sin una salida negociada y sin liderazgo real, los enfrentamientos como los de Llallagua podrían ser solo el inicio de un estallido nacional.
Redacción central
