Lun. Ago 17th, 2026

Camacho se desmarca en la segunda vuelta y alerta: el MAS sigue siendo un peligro latente

Desde Chonchocoro, el gobernador cruceño Luis Fernando Camacho reapareció con un mensaje político que no pasó desapercibido: celebró el fin de la “dictadura masista”, reconoció el triunfo de Rodrigo Paz en primera vuelta y decidió mantenerse neutral en el balotaje. Sin embargo, dejó una advertencia que resuena en las calles: ¿puede Bolivia olvidar al MAS después de 20 años de hegemonía?

El mensaje de Luis Fernando Camacho se construyó sobre tres pilares: el reconocimiento al voto ciudadano, la reivindicación de su papel en 2019 y la advertencia de que el “masismo” sigue siendo un peligro para la democracia boliviana.

El líder cruceño aseguró haber honrado su palabra dentro del bloque de unidad opositora al apoyar a Samuel Doria Medina, quien se perfilaba como el mejor posicionado en su momento. Sin embargo, reconoció que el electorado castigó la guerra sucia y optó por Rodrigo Paz, quien terminó ganando la primera vuelta.

Camacho decidió no respaldar a ninguno de los candidatos en la segunda vuelta, enfatizando que el pueblo boliviano tiene la madurez necesaria para elegir libremente. En su mensaje, llamó a los finalistas a evitar ataques y a centrar sus campañas en propuestas, subrayando que lo que se juega no es solo una elección, sino la consolidación del cambio iniciado en 2019.

Pero entre líneas, Camacho dejó un mensaje que conecta con un debate mayor: la vigencia del MAS como marca política.

A pesar de la derrota electoral y de los múltiples escándalos de corrupción, el MAS no desaparece del imaginario nacional. Su nombre sigue presente en cada discurso, en cada polarización, en cada consigna de lucha. Para muchos, es sinónimo de inclusión social e identidad indígena-popular; para otros, de abuso, corrupción y autoritarismo.

En las calles de Bolivia se escucha la frase “hay que olvidar al MAS”, como un clamor de superación de un ciclo político que ya parece agotado. Sin embargo, borrar una marca de más de 20 años no es sencillo. El MAS trascendió lo partidario y se convirtió en un referente inevitable, tal como ocurre con el peronismo en Argentina o el PRI en México: puede perder fuerza electoral, pero permanece como memoria política.

Lo que está en juego en Bolivia no es solo quién gobernará los próximos cinco años, sino también si el país logrará superar la eterna dicotomía MAS vs. anti-MAS. Para que eso ocurra, se necesitan nuevos liderazgos capaces de construir un relato distinto, que supere la herencia de confrontación y que permita al país mirar más allá del pasado reciente.

Por ahora, el mensaje de Camacho desde Chonchocoro recuerda que, aunque muchos quieran olvidarlo, el MAS sigue siendo una marca política difícil de borrar.

Redaccion central

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