En Bolivia, según datos del Ministerio de Salud y la Federación Internacional de Diabetes (IDF), más de 360 mil personas viven con diabetes tipo 2, aunque muchas ni siquiera lo saben. El problema crece al ritmo de la comida rápida, el sedentarismo y el consumo diario de azúcares y frituras.
El pollo broaster —tan popular por su sabor y su precio— se ha convertido en un símbolo de la alimentación práctica, pero también del exceso. Cada porción puede superar las 500 calorías, con altas cantidades de grasas y carbohidratos refinados. Consumido con frecuencia, eleva el riesgo de sobrepeso, colesterol alto y resistencia a la insulina, condiciones que abren la puerta a la diabetes tipo 2.
“No se trata de prohibir, sino de entender. Un pollo broaster ocasional no hace daño, pero si se vuelve costumbre, el cuerpo lo siente. Comer bien es también un acto de amor propio”, comentó un nutricionista del Programa Nacional de Enfermedades No Transmisibles.
El aumento reciente del precio del pollo ha generado debate. Para algunos, puede ser la oportunidad de replantear los hábitos alimenticios y optar por alternativas más saludables, como pollo al horno, al vapor o a la parrilla, acompañados de ensaladas frescas y sin gaseosas.
El Ministerio de Salud insiste en que la diabetes tipo 2 puede prevenirse en más del 70% de los casos si se mantienen hábitos equilibrados: actividad física regular, control del peso, menos azúcar y más alimentos naturales.
“La diabetes no se ve, pero se siente. Es silenciosa, avanza sin dolor, y cuando aparece, ya ha hecho daño en los ojos, los riñones o el corazón”, recuerdan los médicos.
Redacción central Cochabamba
