Mientras el balotaje se acerca y la tensión política aumenta, la crisis de combustibles se ha convertido en un símbolo del desgaste gubernamental. Aunque YPFB anunció el despacho del 100 % de gasolina hacia los surtidores, la falta de divisas y las demoras logísticas impiden una normalización efectiva.
Los reportes de la ANH confirman que los controles se intensifican para evitar el desvío de carburantes, pero la realidad en las calles —filas interminables, cupos limitados y nerviosismo— muestra que el problema persiste.
Desde el entorno de Arce, no hubo una respuesta directa al emplazamiento de Paz, sino un mensaje genérico de “esfuerzos coordinados para garantizar el abastecimiento nacional”. Sin embargo, la percepción ciudadana es clara: no basta con esfuerzos, se necesita certidumbre.
En medio de la emergencia electoral y el agotamiento social, los sectores productivos y de transporte insisten en que la prioridad debe ser mantener la normalidad, sin rupturas que agraven la escasez ni gestos políticos que paralicen el país.
El riesgo de una fractura en la cadena de suministros podría tener efectos inmediatos sobre el costo de vida, la movilidad y la seguridad alimentaria.
Redacción central Santa Cruz
