Rodrigo Paz Pereira encabeza el ranking de aprobación presidencial en Sudamérica según la última medición de CB Consultora Opinión Pública, que le asigna un 51,7% de imagen positiva, superando a Luiz Inácio Lula da Silva (48,5%) y Javier Milei (47,2%). El dato ha circulado ampliamente en redes y medios bolivianos, donde se presenta como un indicador de fortaleza política temprana del nuevo mandatario. Sin embargo, especialistas advierten que esta posición debe interpretarse con cuidado: el ranking mide percepción, no desempeño real de gobierno.
La popularidad inicial de Paz responde a una combinación de factores: la expectativa de cambio tras dos décadas de hegemonía del MAS, su narrativa de reconstrucción institucional y la promesa de reordenamiento económico y fiscal. Este “voto de confianza” ciudadano es común en los primeros meses de gestión, especialmente cuando un gobierno asume tras un periodo prolongado de conflicto político o desgaste institucional. La comparación regional también influye: Sudamérica vive un ciclo de mandatarios con aprobación volátil —como Milei, Petro o Boric— lo que facilita que líderes recién electos temporariamente encabecen las mediciones.
No obstante, liderar un ranking de aprobación no significa que Bolivia tenga hoy al “mejor presidente de Sudamérica” en términos de resultados. La encuesta no evalúa indicadores económicos, institucionales, sociales o de gobernabilidad, sino la imagen proyectada y la reacción ciudadana inmediata. El desempeño de Paz aún debe medirse en su capacidad de ejecutar reformas fiscales, reducir el déficit estatal, encarar tensiones políticas internas y sostener consensos en un Legislativo fragmentado. El reto es convertir la aprobación inicial en gobernabilidad efectiva y resultados verificables. Para Bolivia, el ranking ofrece una oportunidad comunicacional, pero también un desafío estratégico: administrar expectativas y evitar que la imagen positiva se diluya ante la presión económica y la demanda ciudadana. El liderazgo de Paz en Sudamérica es real en las encuestas, pero su consolidación dependerá de la gestión, no solo de la percepción.
Para Bolivia, el ranking ofrece una oportunidad comunicacional, pero también un desafío estratégico: administrar expectativas y evitar que la imagen positiva se diluya ante la presión económica y la demanda ciudadana. El liderazgo de Paz en Sudamérica es real en las encuestas, pero su consolidación dependerá de la gestión, no solo de la percepción.
Redacción central Cochabamba
