Morales afirmó que Paz llegó a la presidencia por un “accidente político” y sostuvo que el Gobierno, que se presenta como meritocrático, desconoce la pobreza que vive la población. Con un tono confrontacional, aseguró que cada intervención pública del mandatario está marcada por la mentira, elevando así el nivel del discurso político en un momento de alta sensibilidad institucional.
En paralelo, el viceministro de Seguridad Ciudadana, Rolando Montaño, explicó que la orden de aprehensión contra el exmandatario no se ha ejecutado por “cuestiones estratégicas y de seguridad”. La declaración abrió interrogantes sobre si existe un cálculo político detrás de la decisión o si se trata de una evaluación preventiva ante posibles escenarios de conflictividad.
Por su parte, el subcomandante de la Policía, general Juan Peña, sostuvo que el mandamiento será cumplido en el “tiempo oportuno”. La expresión refuerza la percepción de que la ejecución no responde únicamente a un trámite judicial automático, sino a una valoración más amplia del contexto político y social.
La coincidencia entre la ofensiva verbal de Morales y la postergación de su aprehensión instala un escenario de tensión política latente. Mientras el exmandatario retoma protagonismo con un discurso frontal, el Gobierno y la Policía administran los tiempos, en una dinámica que vuelve a colocar en debate la relación entre justicia, política y estabilidad institucional.
Por: Equipo de redacción
