Mié. Ago 19th, 2026

Presupuesto 2026: “base cero” en el discurso, déficit del 9% en la realidad y la crítica de Samuel

El Gobierno, a través del ministro José Gabriel Espinoza, finalmente presentó el Presupuesto General del Estado (PGE) 2026 tras meses de expectativa. La promesa: un “presupuesto de base cero” para ordenar la economía. La cifra clave: un déficit fiscal cercano al 9%. Y la reacción no se hizo esperar. Samuel Doria Medina lo calificó de “decepcionante”, mientras en redes y en la calle se instala una idea incómoda: el discurso cambió, pero los números no.

El ministro José Gabriel Espinoza apostó por una narrativa técnica al presentar el PGE 2026 bajo el concepto de “base cero”, planteando revisar desde raíz el gasto público y evitar arrastrar inercias del pasado.

La idea central es “ordenar la casa”, estabilizar las principales variables macroeconómicas y recuperar cierto margen de maniobra fiscal. Sin embargo, más allá del concepto, el dato que domina el debate es el déficit proyectado, cercano al 9% del PIB, lo que implica que el Estado seguirá gastando muy por encima de sus ingresos en un contexto donde las reservas, el acceso a financiamiento y la confianza continúan bajo presión.

Por su parte, Samuel Doria Medina cuestionó con dureza este enfoque, señalando que mantener un déficit de ese nivel dificulta cualquier posibilidad de acceder a acuerdos internacionales para conformar un fondo de estabilización.

Su crítica apunta a que no existe una señal clara de corrección estructural y que, sin un ajuste creíble, el país seguirá perdiendo margen frente a acreedores e inversionistas. A esto se suma el cuestionamiento al ritmo de las medidas anunciadas, como el cierre de empresas públicas ineficientes recién en un plazo de 90 días, lo que para sus detractores refuerza la idea de una política gradualista que bordea el inmovilismo.

Fuera del ámbito político, el pulso más inmediato se encuentra en redes sociales y en la calle, donde la percepción es menos técnica y más directa: predomina la sensación de que se trata de “más de lo mismo”. El déficit del 9% se ha convertido en el símbolo de esa continuidad, generando dudas sobre la efectividad real del planteamiento oficial. En espacios más especializados se reconoce el intento de ordenar las finanzas públicas, pero se cuestiona la consistencia entre el discurso y los tiempos de implementación.

Mientras tanto, en la calle, donde el impacto económico se traduce en precios, empleo y acceso a divisas, el margen de tolerancia es cada vez más estrecho, alimentando un clima de escepticismo que el Gobierno deberá enfrentar no solo con narrativa, sino con resultados concretos.

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Por Equipo de redacción

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