El nuevo decreto mantiene sin cambios los precios de los combustibles regulados en el mercado interno hasta enero de 2027, con el objetivo de evitar que las fluctuaciones cambiarias y los precios internacionales se trasladen de forma inmediata al consumidor.
La decisión representa un respiro para transportistas, productores, empresas y familias, que durante los próximos seis meses no enfrentarán incrementos en el costo de los carburantes, un factor determinante para la inflación y la actividad económica.
Sin embargo, la medida no elimina el desafío de fondo. El propio esquema normativo prevé que, concluido el período de transición, el Gobierno pueda aplicar un mecanismo de actualización de precios vinculado al comportamiento del tipo de cambio y las cotizaciones internacionales.
En ese contexto, el congelamiento funciona como una ventana de oportunidad para que el Ejecutivo impulse una estrategia integral en materia de hidrocarburos.
Especialistas coinciden en que la sostenibilidad del sistema dependerá de medidas orientadas a incrementar la producción nacional, atraer inversiones en exploración, fortalecer financieramente a YPFB, revisar el esquema de subvenciones y reducir la dependencia de combustibles importados.
Si durante estos seis meses no se concretan reformas estructurales, el país podría volver a enfrentar el mismo debate cuando expire la vigencia del decreto.
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Por Equipo de redacción
