Este jueves debía marcar un momento decisivo para Cerimedo. La Fiscalía busca que sea enviado a detención preventiva por 180 días dentro de la investigación por la presunta tentativa de feminicidio contra Nadia Beller. Sin embargo, la audiencia fue suspendida y quedó reprogramada para este viernes.
Y fue precisamente antes de esa audiencia cuando apareció una imagen que difícilmente encaja con el personaje que Cerimedo había construido públicamente. Ya no estaba el estratega que hablaba de política, campañas y poder. Estaba un hombre esposado, rodeado de policías y enfrentado a la posibilidad concreta de perder su libertad.
“Quiero ver a mis hijos” fue la frase que resumió el momento.
La defensa sostiene que todo el caso responde a un “show político” y ha planteado incluso la hipótesis de que el ataque contra Beller pudo tratarse de un autoatentado destinado a impedir un supuesto operativo contra Evo Morales. Esa versión, sin embargo, corresponde a la defensa y deberá ser probada ante la Justicia.
La Fiscalía mantiene su investigación y será el juez quien determine la situación jurídica de Cerimedo. Por ahora, ninguna de las dos versiones puede considerarse una verdad judicial.
Lo ocurrido este jueves deja, sin embargo, una imagen políticamente poderosa: el hombre que parecía moverse con soltura en los círculos del poder terminó enfrentado a una realidad mucho más difícil de controlar: una investigación penal y la posibilidad de permanecer privado de libertad.
La audiencia suspendida también deja claro que la historia todavía no terminó. Este viernes puede comenzar la verdadera batalla judicial de Cerimedo.
Porque una cosa es proyectar poder desde la política y otra muy distinta es conservarlo cuando se está frente a un juez.
Portada gentileza DTV
Por Equipo de redacción
