Lara presentó este martes una nueva grabación dentro de la serie de audios que viene difundiendo alrededor de Fernando Cerimedo. Esta vez, las voces son atribuidas al consultor argentino y a Marco Antonio Oviedo, ministro de Gobierno.
Según la transcripción difundida públicamente, una voz atribuida a Oviedo habla de la necesidad de tener detenidos, mientras otra, atribuida a Cerimedo, plantea detener a más personas y cortar la luz y el internet en San Julián.
La gravedad del contenido obliga, sin embargo, a separar lo que se escucha de lo que todavía debe probarse. No existe aún una pericia pública que certifique que las voces corresponden efectivamente a Oviedo y Cerimedo, ni que determine si el audio fue editado o manipulado.
Lara anunció que entregará la grabación a la Fiscalía para que sea sometida a peritajes.
La nueva filtración adquiere otra dimensión cuando se la coloca junto a los antecedentes que ya existen sobre la participación de Cerimedo en el entorno presidencial.
El Gobierno negó que el argentino hubiera ocupado un cargo formal. Sin embargo, hay evidencias de veracidad de plataformas que Cerimedo habría intervenido como asesor externo en la redacción y modificación de al menos dos decretos supremos y una ley.
El propio Rodrigo Paz reconoció después que Cerimedo colaboró con su Gobierno y le atribuyó una tarea mucho más amplia que la comunicación electoral: ayudar a “poner a Bolivia en el mundo” y trabajar en un sistema internacional.
Ahí aparece la pregunta que atraviesa todo el caso: si Cerimedo no tenía cargo, contrato ni representación oficial, ¿por qué aparece vinculado a asuntos que van desde la estrategia política y la comunicación hasta normas gubernamentales y, ahora, presuntas conversaciones sobre la respuesta estatal a un conflicto social?
A este efecto, todavía sería prematuro afirmar que Cerimedo fue un “súper ministro” como se dice en la calle. Pero los episodios conocidos alimentan una hipótesis que merece una investigación formal: la existencia de un operador sin cargo institucional, pero con acceso a distintos niveles del poder presidencial.
La conversación atribuida a Cerimedo y Oviedo lo situaría, presuntamente, hablando sobre la gestión de un conflicto que involucraba a fuerzas de seguridad y población civil.
Por eso, la pregunta central ya no es solamente qué hacía Cerimedo en Bolivia, sino hasta dónde llegaba su influencia y quién le abrió las puertas del poder.
La investigación fiscal tendrá que determinar si las voces son auténticas, cuándo fue grabada la conversación, quiénes participaron, si hubo instrucciones posteriores y si las acciones mencionadas llegaron efectivamente a ejecutarse.
Por Equipo de redacción
