Cochabamba tiene una ubicación estratégica en el corazón de Bolivia. Sin embargo, esa ventaja geográfica pierde valor cuando las carreteras se convierten recurrentemente en escenarios de conflicto y los sectores productivos no pueden garantizar la llegada de insumos ni la salida de sus productos.
Para una industria, un bloqueo no representa únicamente horas de retraso. Puede significar materia prima que no llega, mercancía que no se entrega, contratos incumplidos, pérdidas económicas y clientes que buscan proveedores en otros mercados.
El problema se agrava cuando los conflictos se repiten. La incertidumbre deja de ser un episodio excepcional y se convierte en un costo permanente para las empresas. Invertir, producir y contratar personal requiere previsibilidad, precisamente lo que se debilita cuando la circulación y las actividades económicas quedan expuestas a interrupciones recurrentes.
La migración de industrias hacia Santa Cruz evidencia que otros departamentos pueden terminar ofreciendo condiciones más favorables para desarrollar actividades productivas. No se trata de atribuir toda la responsabilidad a un solo factor, pero los conflictos sociales y los bloqueos constituyen una de las amenazas más importantes para la competitividad cochabambina.
El cierre de Manaco tiene un significado particular. No desaparece solamente una fábrica de calzados con una larga trayectoria: se pierde una referencia de la industria nacional y una fuente de empleo vinculada a la historia económica de Quillacollo y Cochabamba.
La consecuencia trasciende a los trabajadores directamente afectados. Alrededor de una industria se mueve una red de proveedores, transportistas, comercios y servicios que también sienten el impacto de su desaparición.
Cochabamba necesita recuperar su capacidad de producir y atraer inversiones. Eso exige una responsabilidad compartida: autoridades que garanticen condiciones para la actividad económica y sectores sociales que comprendan que bloquear una carretera puede terminar afectando el empleo y el sustento de miles de familias.
Una región no puede aspirar a ser un motor económico si producir y transportar mercancías se convierte en una carrera de obstáculos.
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Por Equipo de redacción
