El panorama político boliviano se redefine a menos de tres meses de las elecciones presidenciales del 17 de agosto de 2025, tras una serie de acontecimientos que han sacudido al Movimiento al Socialismo (MAS) y al país. En un fallo reciente, emitido en este de mayo que corre, el Tribunal Constitucional Plurinacional (TCP) ratificó su Sentencia Constitucional 1010/2023, que prohíbe la reelección presidencial indefinida y limita los mandatos a dos, consecutivos o no. Esta decisión, respaldada por criterios de la Corte Interamericana de Derechos Humanos, inhabilita definitivamente al expresidente Evo Morales para postularse nuevamente, dado que ya ejerció tres períodos entre 2006 y 2019. A pesar de los intentos de Morales por competir a través de su nuevo movimiento “Evo es Pueblo”, la resolución del TCP, vinculante y sin apelación, cierra las puertas a su candidatura. La ratificación ha intensificado las tensiones, con Morales desafiando el fallo mientras enfrenta una orden de captura por presunta trata agravada de personas, lo que lo mantiene atrincherado en Cochabamba, protegido por sus seguidores.
En medio de este torbellino, el presidente Luis Arce anunció su declinación a buscar la reelección, un movimiento que reconfigura el escenario electoral. En un mensaje emitido la noche de este martes 13 de mayo, Arce llamó a la unidad de la izquierda en torno a una nueva figura, emplazando incluso a Morales a sumarse a este esfuerzo. Su decisión, que siguió a la suspensión de un acto de proclamación de su candidatura, responde a un contexto adverso: encuestas que lo mostraban rezagado, una economía en crisis con inflación galopante, escasez de combustible y un boliviano debilitado, y una fractura interna en el MAS entre sus partidarios y los leales a Morales. La renuncia de Arce a competir deja un vacío en el oficialismo, pero abre la puerta a una renovación en el liderazgo de la izquierda boliviana.
En este escenario, Andrónico Rodríguez, presidente del Senado y líder cocalero de 36 años, emerge como la única opción viable para aglutinar a la izquierda en las elecciones. En un mensaje abogó por una “unidad verdadera y transparente” construida “de cara al pueblo” y no mediante “pactos oscuros”. “Las extralimitaciones, el abuso del poder, los casos de corrupción, los hermanos campesinos encarcelados, las acusaciones incesantes y la división de nuestras organizaciones sociales han erosionado la credibilidad del MAS, llevándonos a una profunda crisis económica”, afirmó. Su candidatura, oficializada el 3 de mayo en Oruro y ratificada el 10 de mayo, cuenta con el respaldo de sectores sociales clave, como la Federación de Trabajadores Campesinos Tupac Katari y cooperativas mineras.
Rodríguez, quien busca renovar el MAS y “jubilar” a su vieja guardia, enfrenta el reto de unificar a una izquierda fragmentada por las pugnas entre “evistas” y “arcistas”. Tildado de “traidor” por los seguidores de Morales, su discurso enfatizó un “cambio radical” y una reconexión con las bases, criticando a una dirigencia política desarraigada. Con el plazo para registrar listas parlamentarias acercándose el 18 de mayo, Rodríguez negocia alianzas con partidos y no se descarta que vaya por el MAS después de la declinación de Arce y decisión definitiva del TCP. Su juventud, origen en el Chapare y mensaje de unidad lo convierten en una figura atractiva, pero deberá superar la influencia de Morales y responder a una ciudadanía hastiada por la crisis económica y la polarización.
Mientras Bolivia navega por aguas turbulentas, Andrónico Rodríguez se alza como la esperanza de la izquierda para recuperar la confianza perdida. Su capacidad para forjar una coalición sólida y presentar un plan claro ante la crisis será decisiva para liderar al país hacia un futuro más estable.
Por Juan Mayta, periodista invitado
