«Bolivia está sangrando.
Llallagua. Cochabamba. El país entero llora a sus hijos. Jóvenes que vestían uniforme salieron a cumplir su deber y no regresaron.
Subteniente Brayan Jorge Barrozo Rodríguez.
Subteniente Carlos Enrique Apata Tola.
Sargento Segundo Jesús Alberto Mamani Morales.
Subteniente Christian Calle Alcón.
Y un civil aún no identificado.»
No eran enemigos. Eran nuestros hermanos.
Uno soñaba con formar una familia, otro con cuidar a su madre. Hoy son parte de la lista que nunca debió escribirse: la de los caídos por una violencia absurda entre bolivianos.
Desde la Asociación de Profesionales Multidisciplinarios Forjadores de Bolivia —compuesta por médicos, ingenieros, abogados, periodistas, docentes y científicos—, se eleva un grito nacido desde un corazón roto: ¡Basta ya!
No más violencia. No más impunidad. No más represión ciega.
Se exige al Ministerio Público actuar con coraje y sin sesgos. Se llama a las Fuerzas Armadas a honrar su rol constitucional. Se pide a las iglesias tender puentes y a los medios ser libres y respetados.
Y a los líderes del poder, Arce, Morales, cívicos, sindicales:
¡Paren ya! Su pugna está costando sangre.
Bolivia no es un tablero de ajedrez.
Es un niño que espera a su padre.
Una madre que recibe un ataúd.
Una enfermera que cura con fe.
Un periodista que arriesga su vida.
“Estamos de luto, pero no nos rendimos.”
Los Forjadores llaman a reconstruir el país desde la paz, la memoria y la esperanza, convencidos de que forjar también es llorar mientras se construye.
“Desde lo más profundo del alma boliviana, decimos: Paz para Bolivia y justicia para los que ya no están.”
Por Jorge Luis Johns Martinez, comunicador de la Asociación de Profesionales Multidisciplinarios Forjadores de Bolivia
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