A las 9:30 del jueves, Andrea Lazarte, ama de casa, esperaba en la tienda de EMAPA de la calle Junín, en Cochabamba. “Nos dijeron que había aceite, pero cuando llegamos ya no quedaba nada”, relata, resignada. Las diez botellas de un litro que se pusieron a la venta se agotaron en minutos. La escena refleja un problema de oferta limitada en puntos estatales, en medio de una creciente demanda.
A pocas cuadras de allí, un equipo de CalleBolivia.Com registró un movimiento llamativo: un distribuidor de una empresa privada entregaba cajas de aceite comestible en un edificio residencial que no presenta señales visibles de actividad comercial. Aunque no se trata de producto estatal ni ilegal, la falta de transparencia en la entrega —y su desconexión con comercios autorizados— genera sospechas en un contexto marcado por la escasez.
Ambas situaciones, aunque distintas, convergen en una preocupación común: el acceso desigual y poco claro a un insumo básico. Por un lado, el Estado no está logrando abastecer adecuadamente a la población a través de sus canales oficiales. Por otro, el sector privado distribuye sin rendir cuentas claras sobre destino ni precios finales.
El Viceministerio de Defensa del Consumidor ha realizado operativos esporádicos, pero la percepción ciudadana es que el control llega tarde o se aplica solo a puntos de venta menores. “Estamos en tiempos tecnológicos, deberían poder seguir el recorrido del aceite desde la planta hasta el punto de venta”, reclama Andrea Lazarte.
Expertos en consumo señalan que, sin un sistema de trazabilidad y control logístico robusto —tanto en el sector público como privado—, se abre espacio a prácticas especulativas, reventa informal y mercados paralelos.
“El distribuidor no está cometiendo una infracción o contravencion directa, pero en el contexto actual, cualquier duda generada contribuye a la desconfianza”, advierte un analista económico. Y añade: “Si el Estado no puede garantizar ni el abastecimiento ni la supervisión, el sistema entero está en entredicho”.
En barrios periféricos de Cochabamba, los precios del aceite han subido hasta un 40% respecto al valor oficial. Muchos hogares, como el de Andrea, sienten que los discursos de control y soberanía alimentaria no se traducen en acceso real a los productos más elementales.
Redaccion central
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