En un escenario donde la sostenibilidad fiscal es prioridad, el plan de Rodrigo Paz se presenta como una hoja de ruta clara. La reducción del déficit proyecta pasar de $5.000 millones a $2.500 millones, exactamente un 50%, apoyada en un esquema de recortes directos. Desde el punto de vista matemático, los cálculos son consistentes: $1.300 millones en gastos catalogados como “innecesarios” y $1.200 millones en subsidios suprimidos, suman los $2.500 millones propuestos.
Sin embargo, el debate no está en la aritmética, sino en la implementación. Definir qué son “gastos innecesarios” es un punto sensible. Podrían tratarse de recortes en publicidad estatal, consultorías o viáticos, lo cual tendría bajo impacto social. Pero si se extiende a servicios básicos o programas de gestión pública, el costo político y social sería alto.
El otro eje de la propuesta —la eliminación de subsidios por $1.200 millones— genera aún más interrogantes. Experiencias en países de la región, como Argentina, muestran que la reducción de subsidios energéticos suele impactar directamente en el bolsillo de las familias, elevando el costo de vida e incluso presionando la inflación. Aunque Paz plantea mantener $1.000 millones en apoyo a sectores vulnerables, la pregunta es si esa cifra será suficiente para amortiguar los efectos en transporte, energía o alimentos.
De ahí que la propuesta, pese a su mérito técnico, requiere mayor claridad en dos aspectos: la lista detallada de gastos a recortar y un plan de compensación focalizado para los sectores más frágiles. Además, no considera el frente de los ingresos: medidas para mejorar la recaudación o ampliar la base tributaria podrían complementar los recortes y dar mayor equilibrio a la estrategia.
Es decir, el plan de Paz es un ejercicio valioso que combina disciplina fiscal con sensibilidad social, pero su éxito dependerá de una ejecución transparente y técnicamente sustentada. Si logra explicar con claridad qué partidas se eliminarán y cómo se protegerá a los sectores de menores ingresos, el debate pasará de la teoría a la viabilidad real.
Redaccion central La Paz
