La sonrisa franca, los gestos espontáneos y un humor tan desinhibido como peculiar hicieron de Percy Fernández una figura irrepetible en la política boliviana. Más allá de su estilo irreverente, que arrancaba risas y a veces polémicas, Percy supo conectar con el ciudadano común, construyendo una imagen de cercanía difícil de replicar en un escenario político cada vez más rígido.
Falleció este 1 de septiembre a los 86 años, dejando tras de sí no solo el recuerdo de sus ocurrencias públicas, sino también una huella profunda en la transformación urbana de Santa Cruz de la Sierra.
Ingeniero civil de formación, fue alcalde de la capital cruceña en seis periodos no consecutivos, y durante más de tres décadas se convirtió en un referente indiscutible de la vida municipal. Su gestión dejó obras emblemáticas: desde la pavimentación masiva de calles hasta parques como Los Mangales, el Cambódromo y centros de salud municipales que ampliaron la cobertura en barrios alejados.
Su estilo político fue tan directo como su manera de hablar. Carismático y con un sentido del humor inconfundible, supo capitalizar simpatías, pero también enfrentó críticas por su forma de conducir la alcaldía y por algunas expresiones que desataron controversia. Aun así, logró consolidar una de las carreras más largas y recordadas de la historia política local.
La Gobernación de Santa Cruz, el presidente Luis Arce y distintas instituciones han expresado pesar por su partida, resaltando el legado de un líder que, con luces y sombras, acompañó el crecimiento de la ciudad más dinámica del país.
Percy Fernández fue, sobre todo, un personaje entrañable para muchos cruceños, que lo recordarán no solo por las obras de cemento y ladrillo, sino por aquella capacidad de arrancar una sonrisa en medio de la formalidad política. Su muerte marca el cierre de una era en Santa Cruz de la Sierra.
Redaccion central Santa Cruz
