El presidente Luis Arce Catacora celebró este domingo su 62º cumpleaños rodeado de mensajes institucionales y diplomáticos, incluso del mandatario chino Xi Jinping. Sin embargo, a menos de dos meses de dejar el poder, su gestión se encuentra debilitada por denuncias de corrupción que involucran a sus hijos, una profunda crisis económica y la fractura interna del partido que lo llevó a la presidencia.
La Vicepresidencia, la Cancillería y empresas estatales como la Empresa Boliviana de Industrialización de Hidrocarburos (EBIH) y el Servicio Nacional de Registro y Control de la Comercialización de Minerales y Metales (SENARECOM) destacaron este domingo la “vocación de industrialización y desarrollo” del mandatario. Incluso el presidente de China, Xi Jinping, envió un mensaje subrayando la importancia de los vínculos bilaterales. Pero el ambiente festivo no logra opacar la tensión política y social que atraviesa Bolivia.
Arce asumió en noviembre de 2020, tras la crisis de 2019, y en mayo de 2025 anunció que no buscaría la reelección para priorizar la unidad del MAS en las elecciones de agosto. Su gobierno, sin embargo, se caracterizó por un enfrentamiento abierto con Evo Morales. Esta pugna ha paralizado la Asamblea Legislativa, bloqueando más de 1.600 millones de dólares en créditos externos, fondos considerados vitales para mitigar la crisis económica.
La imagen presidencial se ha visto golpeada por una serie de denuncias, muchas impulsadas por sectores “evistas” y la oposición, que señalan presuntos actos de tráfico de influencias, enriquecimiento ilícito y uso indebido de recursos estatales. Luis Marcelo Arce fue acusado de intermediar contratos de litio en 2023 y de vínculos con compras infladas de combustible en YPFB. Un proceso por lavado de activos sigue abierto en GAFILAT, mientras que en agosto de 2025 recibió una orden de aprehensión por violencia familiar. Sus hermanos, Rafael Ernesto y Camila Daniela, están bajo investigación por la compra de un predio de 2.187 hectáreas en Santa Cruz por 3 millones de dólares, financiado con créditos por más de 9 millones, a pesar de su juventud y falta de experiencia. El caso está siendo investigado por legitimación de ganancias ilícitas. A esto se suman acusaciones contra el presidente por el supuesto abandono de un hijo y el incumplimiento de obligaciones de manutención, además de los cruces verbales con Evo Morales, quien lo acusa de corrupción familiar.
Según el Índice de Percepción de la Corrupción 2024, Bolivia ocupa el puesto 133 de 180 países, con apenas 28 puntos sobre 100. Arce ha rechazado todas las acusaciones, llamándolas “guerra sucia política” y asegurando que sus hijos son “mayores de edad y responsables de sus actos”. En redes sociales, crecen las voces que exigen investigaciones internacionales, con menciones a la ONU y la OEA.
Mientras los mensajes institucionales intentan proyectar la imagen de un presidente firme, la realidad muestra a un mandatario debilitado. A sus 62 años, Arce encara el cierre de su mandato con un país polarizado, una economía tambaleante y denuncias familiares que erosionan su legado. El interrogante ahora no es solo cómo será recordado, sino si el próximo gobierno podrá superar la crisis y devolver estabilidad a Bolivia.
Redacción central La Paz
