Dom. Ago 16th, 2026

Cuando las cifras no alcanzan: el INE reporta baja en importados, pero el mercado siente otra realidad

El INE asegura que algunos productos importados bajaron de precio en septiembre, atribuyéndolo al tipo de cambio paralelo y la estabilidad logística. Sin embargo, comerciantes como Ángela Parra, que cada día recibe nuevas listas de precios por WhatsApp, cuentan otra historia: los costos suben de peso en peso. La brecha entre los indicadores oficiales y la economía cotidiana revela la urgencia de trabajar con datos más cercanos a la realidad, para que los gobiernos departamentales y municipales puedan tomar medidas efectivas y aliviar el impacto en el bolsillo ciudadano.

El Instituto Nacional de Estadística (INE) informó que en septiembre de 2025 el Índice de Precios al Consumidor (IPC) registró una variación mensual de 0,20 %. Según el reporte, algunos bienes importados —como televisores, productos de limpieza y artículos de tocador— habrían reducido levemente su precio, debido a la baja del dólar paralelo y la ausencia de bloqueos que encarecen la logística nacional.

Sin embargo, al recorrer los mercados y tiendas populares, la percepción es otra. Ángela Parra, comerciante de productos de limpieza en la zona norte de Cochabamba, muestra en su celular las listas de precios que recibe a diario: “Cada día cambian los precios, suben de peso en peso, nunca bajan. A veces ni el mayorista sabe cuánto costará mañana”, dice.

Su testimonio contrasta con las declaraciones oficiales. Y no es un caso aislado. En los mercados de Villa Fátima (La Paz), Los Pozos (Santa Cruz) y La Cancha (Cochabamba), los comerciantes reportan incrementos constantes en detergentes, aceites, jabones y productos de higiene importados, de entre 3 % y 5 % mensual, pese a los reportes de estabilidad en el tipo de cambio.

¿Por qué esta diferencia?


El INE realiza su relevamiento de precios en puntos fijos de las nueve capitales y El Alto, tomando como referencia una canasta urbana formal. Los precios se registran una vez al mes y sobre categorías genéricas como “detergente líquido importado de un litro”, sin diferenciar marcas, formatos o variaciones recientes de stock. En cambio, el comercio popular opera bajo dinámicas diarias, sujetas a fluctuaciones del tipo de cambio informal, transporte y oferta inmediata.

Este rezago metodológico genera un efecto estadístico: el indicador puede mostrar una baja en promedio, mientras que la población percibe aumentos reales en su compra cotidiana. La “inflación oficial” y la “inflación de la calle” se separan, reflejando dos Bolivias: la de los datos macroeconómicos y la del mercado real.

Para los economistas, esta brecha compromete la capacidad de respuesta de las autoridades. Si los gobiernos —nacional, departamentales y municipales— no disponen de mediciones más precisas y frecuentes, difícilmente podrán implementar controles efectivos o programas de alivio. “El dato tiene que servir para corregir la realidad, no para justificarla”, coinciden analistas.

De lo contrario, las cifras del INE quedarán solo para los informes y no para el ciudadano.
Mientras las estadísticas hablan de estabilidad, los bolsillos sienten lo contrario. Y cuando las cifras no alcanzan, la economía cotidiana se convierte en el verdadero termómetro del país.

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