En pleno tramo final de la campaña presidencial chilena —con elecciones previstas para noviembre de 2025—, Johannes Kaiser, aspirante del Partido Nacional Libertario, irrumpió en los titulares tras declarar que “vamos a cerrar la frontera con Bolivia” y que “en La Paz no va a haber paz”.
Sus palabras, pronunciadas durante un acto en Osorno, fueron interpretadas por analistas como un exabrupto electoral, más orientado a movilizar votantes que a anticipar una política exterior realista. El discurso, de tono nacionalista, busca capitalizar el malestar ciudadano frente a la migración irregular y la inseguridad en el norte de Chile, temas que dominan la agenda pública de ese país.
Medios chilenos calificaron las expresiones como parte de una campaña “sin cuidado por las palabras”, donde Kaiser intenta proyectar fuerza y autoridad frente al electorado conservador. En Bolivia, si bien no hubo pronunciamiento oficial del Gobierno, la reacción en redes y en círculos diplomáticos fue de preocupación por la escalada retórica y por el uso del país como “enemigo simbólico” para fines políticos internos.
Expertos en relaciones internacionales recuerdan que Chile y Bolivia mantienen vigentes canales de cooperación en materia de migración y seguridad fronteriza, incluido un protocolo de reconducción de migrantes suscrito en febrero de este año. Por eso, un cierre de frontera no solo sería inviable en términos jurídicos, sino contraproducente para ambos países.
El mensaje de Kaiser se inscribe, así, en una lógica de polarización productiva: provocar para posicionarse. Una estrategia que puede rendir frutos en redes sociales, pero que tensiona la diplomacia y empobrece el debate regional.
Redacción central La Paz
