El comunicador y docente universitario Juan Flores señala que la nueva administración debe ir más allá de entender la comunicación como un conjunto de acciones operativas —protocolos, conferencias de prensa o materiales audiovisuales— para asumirla como una herramienta de gestión medible, planificada y con objetivos claros.
“Las unidades de comunicación no deben limitarse a producir materiales o cubrir actos públicos, sino a diseñar estrategias medibles en un periodo. Solo así los recursos dejarán de ser gasto y se convertirán en inversión”, sostiene Flores.
Este enfoque plantea un cambio estructural en la manera de comunicar desde el Estado. En lugar de centrarse únicamente en difundir logros, el desafío es generar narrativa, construir confianza y mantener coherencia institucional. La comunicación pública debe articular a todas las reparticiones del Ejecutivo, no solo informar, sino también escuchar, evaluar y retroalimentar políticas.
La experiencia reciente demuestra que los gobiernos que no logran conectar su discurso con la ciudadanía pierden capacidad de incidencia, incluso cuando ejecutan obras o medidas relevantes. Por ello, especialistas coinciden en que la gestión Paz podría marcar diferencia si logra integrar la comunicación dentro del ciclo de las políticas públicas, con indicadores de impacto y mecanismos de transparencia.
En un contexto donde la opinión pública se construye en redes y medios digitales, la comunicación institucional debe medir resultados y no solo producir contenido. El reto de Rodrigo Paz será mostrar gestión con sentido y coherencia, fortaleciendo la credibilidad de su administración frente a la ciudadanía.
Redacción central Cochabamba
