La reciente decisión de la Autoridad de Supervisión del Sistema Financiero (ASFI) de dejar sin efecto 34 requerimientos de información, anunciada por el Ministerio de Economía, marca un nuevo capítulo en la discusión sobre el llamado Estado tranca. La medida apunta a aliviar la carga operativa de las entidades financieras, pero también abre interrogantes sobre el impacto real en la supervisión y en la calidad del control regulatorio en Bolivia.
En términos técnicos, estos “requerimientos” suelen ser formularios, reportes periódicos y solicitudes de datos que las entidades deben presentar de manera sistemática. Muchos de estos informes históricamente se han elaborado más para alimentar estadísticas internas que para prevenir riesgos efectivos. Sin embargo, la eliminación de estas obligaciones —sin que exista un documento público detallando cuáles fueron, por qué se retiraron o qué criterios se aplicaron— deja un vacío que dificulta evaluar si se trata de un avance modernizador o de una desregulación apresurada.
La experiencia regional muestra que las cargas informativas mal diseñadas pueden generar sobrecostos, duplicaciones y procesos lentos que terminan afectando al usuario final. Pero también evidencia que recortar reportes sin un análisis técnico profundo puede debilitar la capacidad de detectar señales tempranas de riesgo, especialmente en temas de liquidez, solvencia, cumplimiento normativo y prevención de ilícitos. En este caso, la medida parece apoyarse más en una evaluación interna que en un informe de impacto regulatorio transparente, señala un economista que prefiere el anonimato.
Por ahora, el veredicto no está escrito. La simplificación de trámites puede ser una oportunidad para modernizar la supervisión financiera, siempre y cuando la ASFI fortalezca los reportes críticos y garantice que los controles esenciales se mantienen intactos. Será el tiempo —y los resultados en la calidad del control y la estabilidad del sistema— el que determine si esta eliminación de 34 requerimientos fue una decisión acertada o un riesgo innecesario.
Redacción central La Paz
