Los choferes sindicalizados se reunieron este martes con el presidente Rodrigo Paz en un encuentro marcado por tensiones verbales y advertencias directas. Aunque no hubo acuerdos inmediatos, sí se conformaron varias comisiones para tratar las demandas urgentes del sector. Pero el mensaje más firme vino del ejecutivo de la Confederación de Choferes, Lucio Gómez, quien advirtió que la subvención a los carburantes “no debe tocarse” mientras no exista una socialización completa, según declaró a la prensa.
El pedido se da en un momento en el que el Gobierno analiza ajustes al subsidio debido al alto costo fiscal y los problemas de desabastecimiento en varios departamentos. Para los choferes, cualquier modificación sin consulta podría “desencadenar conflictos innecesarios”, una frase que dejó entrever el clima sensible que rodea al tema. Gómez justificó su posición señalando que, sin subsidio, “el transporte no podría sostener la economía cotidiana del país”.
Desde el Ejecutivo, Paz optó por un tono más moderado, comprometiendo mesas de diálogo con los ministerios de Economía, Hidrocarburos y Obras Públicas. Sin embargo, la presión del transporte sindicalizado —históricamente un actor de fuerza en Bolivia— coloca al Gobierno ante un equilibrio delicado: avanzar en su política económica sin provocar una reacción de calles en su primer mes de gestión.
La reunión también abordó otras demandas: abastecimiento regular de diésel, control al contrabando interno, fiscalización al mercado informal de repuestos y mejoras en la emisión del SOAT. Pero el tema de la subvención eclipsó todo. Los dirigentes dejaron claro que no permitirán “sorpresas” en el precio del combustible, un mensaje que hoy pesa más que nunca en un país que mira con inquietud la posibilidad de ajustes económicos.
Redacción central La Paz
