Las lluvias que golpearon con fuerza a El Torno, La Guardia y Colpa Bélgica dejaron algo más que casas inundadas y caminos destruidos: expusieron, una vez más, la fragilidad de la respuesta estatal ante desastres naturales. Mientras los mensajes de solidaridad se multiplican desde el ámbito político, las familias afectadas —algunas con desaparecidos y otras en duelo— reclaman algo más concreto: ayuda real y oportuna.
El político aliado de Rodrigo Paz, Samuel Doria, expresó su solidaridad con los cruceños afectados, subrayando que sus pensamientos están con quienes perdieron a seres queridos o aún buscan a familiares desaparecidos. El mensaje fue recibido con respeto, pero también con escepticismo en zonas donde la emergencia se vive con angustia y carencias materiales.
El analista Juan Gabriel fue más duro en su lectura: “No hay un Estado que planifique, que mida riesgos ni que invierta en prevención”. A su juicio, los municipios —con presupuestos limitados— poco o nada pueden hacer frente a eventos climáticos de esta magnitud sin el respaldo efectivo del Gobierno central.
Para las comunidades afectadas, agrega Gabriel, la solidaridad no reemplaza la acción. Frases como “estamos con ustedes” o explicaciones sobre helicópteros averiados no responden a la urgencia del momento. “La atención a estas emergencias no es voluntaria: es una obligación del Ejecutivo”, sostiene.
La tragedia en Santa Cruz vuelve a poner sobre la mesa una demanda recurrente: un Estado que anticipe, prevenga y actúe, y no solo reaccione cuando el daño ya es irreversible.
Portada gentileza Gobierno Autónomo de Santa Cruz de la Sierra
Redacción central Santa Cruz
