La visita de Edmand Lara al penal de San Pedro fue presentada oficialmente como una verificación de denuncias sobre presuntas vulneraciones de derechos humanos. Pero la denuncia de Manolo Rojas introduce un elemento político adicional: el diputado sostiene que el vicepresidente aprovechó su presencia en el recinto para reunirse con Luis Arce, quien permanece recluido preventivamente por el caso Fondo Indígena.
Hasta ahora, la supuesta reunión Lara-Arce debe ser tratada como una denuncia y no como un hecho plenamente confirmado. El punto que sí merece una explicación institucional es otro: si el encuentro ocurrió y se incumplieron protocolos penitenciarios, la responsabilidad por el control del recinto no termina en quien ingresó.
El penal tiene una estructura de administración y seguridad que depende del sistema penitenciario y del Estado. Por eso, corresponde que el Gobierno explique cómo se autorizó la visita, qué controles se aplicaron, si Lara tuvo contacto con Arce, quién estuvo presente y si existía alguna autorización especial para ese encuentro.
La discusión, entonces, no debería convertirse únicamente en un nuevo enfrentamiento político entre Rojas y Lara. Si hubo una vulneración de protocolos, alguien tuvo que permitirla. Y esa respuesta corresponde a las autoridades responsables de la administración, seguridad y control del penal.
El diputado puede pedir explicaciones a Lara, pero también debe exigirlas al Ministerio de Gobierno y a Régimen Penitenciario. Porque en una cárcel no basta con preguntar quién entró: hay que establecer quién autorizó el ingreso, quién controló la visita y quién responde por el cumplimiento de los protocolos.
Si el Gobierno quiere despejar cualquier sospecha, la respuesta debería ser sencilla: mostrar el registro de ingreso, explicar la autorización otorgada y precisar si Edmand Lara se reunió o no con Luis Arce.
Por Equipo de redacción
