¿Puede una funcionaria que calló ante la corrupción liderar hoy la lucha contra las irregularidades?
¿Denunciar tarde limpia el silencio de años? Las declaraciones de la directora de la ANH, Margot Ayala, abren un debate incómodo en Bolivia: admitir que se vio corrupción y no se denunció por miedo no solo interpela al pasado, sino también a la autoridad moral de quienes hoy prometen transparencia.
