El mensaje del ministro intenta despejar críticas apelando a la lectura completa del DS 5503: reducción de escalas salariales, congelamiento de incrementos y racionalización del aparato estatal. Sin embargo, evitar la dimensión cuantitativa mantiene viva la incertidumbre.
En política económica, sin cifras no hay certeza y sin certeza no hay confianza.
El punto más cuestionado es la ausencia de una estimación oficial del ahorro estatal. ¿Cuánto se reducirá el gasto corriente? ¿Qué porcentaje del presupuesto representan los salarios y qué parte será recortada? ¿A qué programas se destinará ese ahorro? Espinoza habla de disciplina y orden, pero no presenta la contabilidad del ajuste.
Tampoco se explicó si la “racionalización” implica cierre de programas, fusión de ministerios o eliminación de entidades descentralizadas. En un país donde el sector público ha crecido sostenidamente durante 20 años, el impacto administrativo y laboral es clave para entender la magnitud real de la medida.
Por ahora, el discurso del Gobierno sigue en la esfera declarativa: que el Estado se aprieta el cinturón, que el ajuste empieza arriba, que no hay privilegios. Sin embargo, mientras no se publiquen cifras comparables, proyecciones de ahorro y destino de recursos, la narrativa seguirá siendo más política que económica.
Redacción central La Paz
