Las proyecciones optimistas de Samuel Doria Medina —quien aseguró que Bolivia podría salir de la crisis económica a mediados del próximo año y que el Gobierno fortalecerá reservas por 3.500 millones de dólares para estabilizar el tipo de cambio en 2026— recibieron una respuesta inmediata y contundente de Yerko Garafulic. Para él, no hay monto de reservas que baste si el Ejecutivo mantiene el mismo patrón de gasto y subsidios heredado del modelo masista. Su crítica apunta al corazón del problema: la falta de credibilidad y disciplina fiscal.
Garafulic advirtió que 3.500 o incluso 10.000 millones de dólares no serán suficientes para recomponer la economía mientras el Gobierno siga inmerso en el negocio de combustibles, un rubro que consume miles de millones anuales en subsidios y alimenta el déficit fiscal. Según su visión, el Estado debe abandonar esa actividad, liberar recursos para planes de empleo de emergencia y romper con la lógica de expansión permanente del gasto público que marcó la última década.
Garafulic fue más allá y planteó la necesidad de reducir el tamaño del Estado, cerrar empresas públicas deficitarias y evitar que el Gobierno incursione en actividades productivas que podrían ser desempeñadas por el sector privado sin generar pérdidas. “No estorben”, resumió en un mensaje que sintetiza una visión liberal clásica: menos intervención, más incentivos para la inversión y reglas claras que atraigan dólares sin necesidad de fijar tipos de cambio artificiales.
El debate destapa el punto clave que Samuel no menciona pero que define el éxito o fracaso de toda estabilización: la credibilidad. Sin ajustes reales, transparencia en el manejo fiscal y señales firmes al mercado, cualquier plan para fortalecer reservas será visto como insuficiente o transitorio.
Redacción central La Paz
