La Administración de Alimentos y Medicamentos de Estados Unidos (FDA) aprobó recientemente el colirio VIZZ como tratamiento para la presbicia, la condición que dificulta la visión cercana a partir de los 40–45 años. El anuncio ha generado expectativa porque se trata de una alternativa no quirúrgica y de efecto rápido, en un mercado históricamente dominado por gafas de lectura, lentes de contacto y cirugías refractivas, con distintos niveles de acceso y costos para la población.
El medicamento actúa reduciendo temporalmente el tamaño de la pupila, lo que incrementa la profundidad de foco y permite mejorar la nitidez de objetos cercanos durante varias horas. Este mecanismo no corrige la causa del problema —el endurecimiento progresivo del cristalino—, sino que ofrece una compensación óptica transitoria, lo que explica por qué el colirio debe aplicarse de forma diaria y no representa una solución definitiva para la presbicia.
Desde el punto de vista clínico, los ensayos presentados ante la FDA muestran mejoras funcionales en la lectura y tareas de corta distancia, con efectos secundarios generalmente leves, como irritación ocular o disminución de la visión en ambientes con poca luz. Sin embargo, especialistas advierten que no todos los pacientes obtendrán el mismo beneficio y que su uso debe ser evaluado por un oftalmólogo, especialmente en personas con otras patologías visuales.
En términos de política sanitaria y mercado farmacéutico, la aprobación de VIZZ abre la puerta a una nueva categoría de tratamientos farmacológicos para la vista cansada, con potencial impacto en la industria óptica y en los hábitos de millones de personas. Aunque por ahora su disponibilidad está limitada a Estados Unidos, su avance plantea un debate relevante: si estos colirios logran masificarse, podrían modificar la forma en que se aborda una condición considerada hasta hoy como parte inevitable del envejecimiento visual.
Redacción central y agencias
