La licencia experimental concedida a Starlink no implica exclusividad ni permanencia automática. Se trata de una autorización temporal que permite a la empresa probar su servicio en territorio boliviano mientras el Estado define las reglas que regularán de forma estable a este tipo de operadores. Desde la ATT se aclaró que otras compañías también pueden solicitar licencias similares, bajo las mismas condiciones, lo que abre el camino a un escenario más competitivo.
En ese marco, el ingreso de Starlink rompe con la idea de que el internet satelital esté limitado únicamente a la oferta estatal. Entel no pierde atribuciones, pero tampoco tiene exclusividad sobre este segmento. La empresa pública puede continuar ofreciendo sus servicios y, al mismo tiempo, negociar acuerdos comerciales —como la reventa— con proveedores internacionales, sin que ello cierre la puerta a las operadoras privadas.
El Gobierno, a través de la ATT, trabaja en un reglamento específico para redes satelitales de órbita baja, que establecerá requisitos técnicos, obligaciones tributarias y condiciones de competencia. La norma será clave para definir si Bolivia apuesta por un mercado abierto y plural o por un esquema más restrictivo, especialmente en zonas rurales y de difícil acceso donde este servicio tiene mayor impacto.
Para los usuarios, la fase experimental permitirá evaluar cobertura, calidad y costos reales del servicio satelital, mientras que para el Estado representa una prueba de cómo integrar nuevas tecnologías sin desordenar el ecosistema de telecomunicaciones existente. Al concluir los seis meses, Starlink y otras empresas interesadas deberán adecuarse al marco regulatorio que se apruebe para continuar operando.
Redacción central La Paz
