El pago de cupones de los bonos soberanos terminó por golpear unas reservas ya debilitadas, evidenciando un problema estructural que el país arrastra desde la caída de ingresos por hidrocarburos. La cifra actual no solo es baja: es operativamente crítica para sostener el flujo de importaciones, especialmente de combustibles.
En este contexto, Samuel Doria Medina planteó la necesidad de conformar un fondo de estabilización con apoyo de organismos multilaterales, descartando la venta de las reservas de oro como salida inmediata. Su propuesta apunta a recomponer liquidez en el corto plazo, pero también deja entrever una crítica implícita al manejo económico del Ejecutivo.
El actual ministro de Economía, Gabriel Espinoza, enfrenta así un escenario complejo: sostener el discurso de estabilidad mientras las cifras muestran una creciente restricción externa. Hasta ahora, las acciones del Gobierno —Control del flujo de divisas y mensajes de calma— no terminan de configurar un plan integral.
A esto se suma un debate público cada vez más polarizado. Mientras algunos sectores rechazan cualquier opción de endeudamiento por considerarla una pérdida de soberanía económica, otros advierten que el país ya no cuenta con el respaldo del gas y que será inevitable recurrir a financiamiento externo o liberar sectores como el agro para generar divisas.
En medio de estas posiciones enfrentadas, el problema central persiste: Bolivia no logra definir una hoja de ruta clara para recomponer sus reservas. Y sin dólares, la estabilidad económica deja de ser un discurso para convertirse en una urgencia.
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Por Equipo de redacción
