Jue. Oct 1st, 2026

Paz apuesta por una gestión “no partidaria”, pero en la calle dudan: ¿institucionalidad o discurso?

El presidente Rodrigo Paz Pereira reunió a 286 alcaldes electos con un mensaje claro: trabajar sin banderas políticas y priorizar la coordinación institucional. Sin embargo, fuera de los salones oficiales, la percepción ciudadana apunta a otra cosa: en Bolivia, separar política de gestión suena bien… pero rara vez ocurre.

El encuentro marcó una línea discursiva que busca ordenar la relación entre el nivel central y los gobiernos municipales bajo un principio: gestión antes que militancia. Paz planteó que los alcaldes representan instituciones y no siglas, abriendo la puerta a una coordinación más técnica y menos confrontacional.

En los papeles, el enfoque apunta a eficiencia: proyectos compartidos, corresponsabilidad en la inversión pública y una lógica de trabajo que supere la fragmentación política que dejaron las elecciones subnacionales. En el fondo, también refleja una necesidad: gobernar con un mapa territorial diverso y sin hegemonías claras.

Pero en la calle, la lectura es más cruda. Comerciantes, transportistas y ciudadanos de a pie coinciden en una idea recurrente:
 “Aquí todo pasa por lo político, aunque digan que no”.

La experiencia pesa. Durante años, la asignación de obras, recursos y prioridades ha estado marcada por afinidades políticas. Municipios alineados con el poder central suelen avanzar más rápido; los que no, enfrentan trabas o demoras. Ese antecedente alimenta el escepticismo.

Además, hay un elemento estructural difícil de ignorar: lo institucional no es ajeno a la política. Las decisiones sobre qué proyectos financiar, dónde invertir o a qué ritmo ejecutar siguen siendo, en esencia, decisiones políticas. La administración puede ser técnica, pero las prioridades no lo son.

En ese contexto, el discurso de “no partidario” se interpreta más como una estrategia de gobernabilidad que como una transformación real del funcionamiento del Estado. Es una señal hacia alcaldes de distintas líneas: se puede trabajar juntos. Pero también es una admisión implícita de límites fiscales y políticos.

Por Equipo de redacción

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