Vie. Oct 2nd, 2026

Crítica y responsabilidad: la lección de Gabriel Boric y el debate sobre la prensa en Bolivia

El reconocimiento de la crítica como motor de mejora democrática, expresado por el expresidente chileno Gabriel Boric antes de dejar el cargo, abre un debate necesario en la región. En Bolivia, en paralelo, surgen denuncias sobre la suspensión de cuentas de periodistas y medios en redes sociales tras cuestionamientos al gobierno de Rodrigo Paz Pereira. Entre ambos escenarios emerge una pregunta clave: ¿cómo equilibrar la crítica, la libertad de expresión y la responsabilidad informativa?

En toda democracia sólida, la crítica no solo es inevitable, sino necesaria. La postura de Boric —agradecer incluso las observaciones más duras— refleja una comprensión institucional de que el escrutinio público fortalece la gestión y legitima el poder. No se trata de tolerar la crítica, sino de integrarla como parte del funcionamiento democrático.

Sin embargo, el contexto boliviano introduce tensiones. En los últimos días, se han reportado casos de cuentas de periodistas o medios que habrían sido dadas de baja en plataformas digitales, presuntamente tras emitir contenidos críticos. Aunque no existe evidencia concluyente de una política sistemática, la reiteración de denuncias genera preocupación por un posible efecto inhibidor sobre la libertad de expresión.

El fenómeno no puede analizarse de forma aislada. Las redes sociales como Facebook y X operan con sistemas de moderación que pueden responder tanto a normas internas como a denuncias masivas coordinadas. Esto abre un terreno gris donde la censura directa, la presión indirecta y los errores algorítmicos pueden confundirse.
En este escenario, la responsabilidad periodística adquiere un rol central. La crítica, para ser constructiva, debe estar respaldada por verificación, contraste de fuentes y rigor informativo. El periodismo profesional no compite por volumen de opiniones, sino por credibilidad.

Diferenciarse de la desinformación —que puede provenir de intereses políticos, económicos o redes organizadas— es hoy una condición esencial para sostener su legitimidad.
No obstante, también es fundamental evitar una deriva peligrosa: utilizar el argumento de combatir “fake news” para deslegitimar o silenciar voces críticas. La respuesta democrática frente al cuestionamiento no es la restricción, sino la transparencia, el acceso a la información y la rendición de cuentas.

La enseñanza es doble. Sin crítica, la democracia se debilita. Sin responsabilidad informativa, también. El desafío para gobiernos, medios y ciudadanía es sostener ese equilibrio: garantizar la libertad de expresión mientras se eleva la calidad del debate público.

Portada composición digital referencial

Por Equipo de redacción

Siguenos y comparte:

About Author

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Categorías