La inspección, realizada junto a autoridades como el ministro de Hidrocarburos, Marcelo Blanco, y el ministro de Obras Públicas, Mauricio Zamora, dejó al descubierto ambientes más cercanos a un hotel cinco estrellas que a instalaciones operativas: suites de alto nivel, mobiliario exclusivo, obras de arte, equipos de última generación e incluso espacios de entretenimiento.
El hallazgo cayó como balde de agua fría. “Esto no es una inversión productiva”, remarcó Daroca, marcando distancia con gestiones anteriores y dejando claro que, en tiempos donde cada boliviano siente la presión económica, estos gastos no pasan desapercibidos.
Mientras se invertían millones en confort, temas estructurales como calidad de combustibles, control técnico, almacenamiento o seguridad energética quedaron —según la nueva administración— en segundo plano. Un contraste que hoy genera cuestionamientos.
Daroca anunció una revisión a fondo para identificar responsabilidades y entender cómo se aprobaron estos gastos. La línea de la actual gestión apunta a algo más terrenal: priorizar inversiones que sí impacten en el día a día de la población.
El mensaje es directo: menos lujo y más eficiencia. En una empresa estratégica como YPFB, cada boliviano espera resultados, no suites.
Por Equipo de redacción
