Según el análisis de Gonzalo Colque, el aumento en sueldos y salarios dentro del presupuesto no es menor y responde a una expansión del gasto estructural del Estado. Este crecimiento, observado en partidas específicas, contrasta con el discurso oficial de austeridad en medio de la crisis económica.
Por su parte, el Gobierno ha informado que para la gestión 2026 se aplicará una reducción de aproximadamente Bs 4.100 millones en el gasto corriente, centrada principalmente en rubros como viáticos, pasajes, consultorías y publicidad. Además, sostiene que estos recursos serán reorientados hacia sectores como salud, educación y la creación de nuevos ítems.
Sin embargo, el punto de tensión radica en la composición del gasto. Mientras los recortes se enfocan en partidas consideradas flexibles o administrativas, el incremento en sueldos y salarios corresponde a un componente rígido del presupuesto, de carácter permanente y de mayor peso fiscal.
En términos económicos, esta combinación no implica necesariamente una reducción del tamaño del Estado, sino más bien una reconfiguración del gasto público. Es decir, se ajustan ciertos rubros visibles, pero se incrementan otros de mayor impacto estructural.
De este modo el cruce de datos deja una lectura clara: no existe una contradicción contable entre el recorte anunciado por el Gobierno y el incremento señalado por el economista, pero sí una diferencia en la interpretación del rumbo fiscal.
Mientras el Ejecutivo enfatiza la austeridad, el análisis de Gonzalo Colque sugiere que el peso del gasto en personal podría estar creciendo dentro del presupuesto 2026.
En ese escenario, la discusión de fondo ya no es solo cuánto se recorta, sino en qué se gasta y qué tan sostenible es esa estructura en el tiempo.
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Por Equipo de redacción
