Durante una declaración pública en medio de la crisis y los conflictos sociales, el presidente Rodrigo Paz aseguró que su gobierno no negociará con grupos que recurran a bloqueos, violencia o actos vandálicos. El mandatario insistió en que el Ejecutivo mantendrá la autoridad frente a las medidas de presión que afectan distintas regiones del país.
Las palabras del presidente provocaron una inmediata reacción de dirigentes movilizados de la provincia Camacho, en el norte del departamento de La Paz. Uno de los representantes rechazó ser catalogado como “vándalo” y sostuvo que las movilizaciones responden al malestar social y económico que atraviesa el país.
“Este pueblo lo llevó al poder y este pueblo lo va a sacar, no somos vándalos”, afirmó el dirigente, en una declaración que rápidamente comenzó a circular en redes sociales y medios locales. El mensaje refleja el endurecimiento del discurso entre el Gobierno y sectores sociales que antes eran considerados cercanos o al menos no confrontacionales con el oficialismo.
La provincia Camacho históricamente ha tenido una fuerte presencia de organizaciones campesinas y sindicales con capacidad de movilización. En distintos momentos de crisis política en Bolivia, estos sectores jugaron un papel importante mediante bloqueos y presión social para exigir respuestas gubernamentales.
El intercambio de declaraciones evidencia que la confrontación dejó de centrarse únicamente en las calles y ahora también se disputa en el terreno político y discursivo. Mientras el Gobierno intenta diferenciar protesta de vandalismo, los dirigentes buscan defender la legitimidad de sus demandas y evitar quedar asociados a hechos violentos.
Por Equipo de redacción
