Las avenidas alteñas amanecieron con decenas de personas desplazándose a pie debido a la falta de transporte y los efectos de los bloqueos que golpean a la sede de gobierno y ciudades vecinas. En medio del frío y la incertidumbre, adultos mayores, comerciantes y trabajadores avanzaban cargando bolsas y pertenencias, reflejando el impacto cotidiano del conflicto.
La acumulación de basura en varios sectores también empieza a convertirse en un símbolo visible del desgaste urbano. Mientras algunos servicios funcionan parcialmente, otros muestran señales claras de saturación. El contraste es evidente: sobre las calles complicadas por la crisis, el teleférico continúa operando y se convierte en uno de los pocos sistemas que mantiene cierta movilidad entre La Paz y El Alto.
La escena deja además una lectura política importante. Más que una ciudad movilizada por la confrontación, El Alto proyecta hoy una sensación de cansancio social. La población intenta adaptarse a una situación prolongada donde el impacto económico comienza a sentirse con fuerza en los hogares, el comercio y el transporte.
En las últimas jornadas, los conflictos, marchas y bloqueos han afectado el abastecimiento, la circulación y la actividad económica en distintos puntos del país. La imagen de este jueves sintetiza una percepción que empieza a extenderse entre muchos ciudadanos: la crisis dejó de ser un tema exclusivamente político y pasó a instalarse en la vida diaria de la gente.
Por Equipo de redacción
