“El 50-50 de Paz había sido: 50 días de cansar a los sectores movilizados. En el día 50 simular acuerdos para continuar con otros 50 días de relativa tranquilidad y repetir ese ciclo otra vez. 50-50”, escribió Gabriel Villalba Pérez en sus redes sociales.
La publicación apareció luego de que las organizaciones movilizadas anunciaran un cuarto intermedio en sus medidas de presión, argumentando la necesidad de reorganizarse tras varias semanas de conflicto. El comentario rápidamente despertó reacciones porque conecta dos elementos que han estado presentes en el debate político reciente: la prolongada duración de la crisis y la conocida propuesta del “50-50” impulsada por el presidente Eduardo Paz para la distribución de recursos con los departamentos.
La reflexión de Villalba no plantea la existencia de una estrategia formal ni de un plan reconocido públicamente. Se trata más bien de una deducción construida a partir de hechos observables: cerca de 50 días de movilizaciones, el desgaste progresivo de los sectores en conflicto, la aparición de acuerdos de pacificación y una reducción de la intensidad de las protestas.
Lo que llama la atención es la coincidencia numérica. Para algunos usuarios, el “50-50” se convierte en una metáfora política que resume la forma en que perciben el manejo de la crisis. Para otros, se trata simplemente de una asociación llamativa entre acontecimientos que terminaron coincidiendo en el tiempo.
Más allá de si la interpretación es compartida o no, el comentario revela cómo una parte de la ciudadanía intenta dar sentido a un período marcado por la incertidumbre, el cansancio social y la búsqueda de una salida al conflicto. En ese escenario, el “50-50” deja de ser solo una fórmula administrativa y se transforma en una narrativa política sobre los acontecimientos recientes.
Por Equipo de redacción
