“Me voy con la tranquilidad de haber entregado todo mi esfuerzo”. Con esa frase, José Gabriel Espinoza confirmó el cierre de su paso por el Ministerio de Economía, nueve meses después de asumir una de las carteras más sensibles del Gobierno de Rodrigo Paz.
Su salida no fue una decisión aislada. Es el resultado de una cadena de acontecimientos que comenzó el 18 de agosto, cuando la Asamblea Legislativa censuró al ministro tras una interpelación sobre la política económica del Gobierno.
La censura abrió una disputa constitucional. Espinoza cuestionó la decisión legislativa y dejó en manos del Tribunal Constitucional Plurinacional la posibilidad de definir si la votación había cumplido con los requisitos establecidos por la Constitución.
Pero el escenario cambió. El 21 de agosto, Paz decidió destituirlo y nombró provisionalmente a Óscar Mario Justiniano al frente del Ministerio de Economía, mientras esperaba el pronunciamiento constitucional.
Este lunes, Espinoza retiró el recurso judicial presentado contra la censura y, con ello, terminó de cerrar la posibilidad de una batalla jurídica para recuperar el cargo.
Su despedida, sin embargo, deja abierta una pregunta política: ¿la salida de Espinoza representa solamente un cambio de ministro o anticipa un giro en la conducción económica del Gobierno?
El momento no es menor. Bolivia enfrenta falta de dólares, dificultades en el abastecimiento de combustibles, inflación y una creciente presión sobre las cuentas públicas. En ese escenario, Paz tendrá que demostrar que el relevo en Economía no significa improvisación, sino una nueva etapa con respuestas concretas.
Espinoza se va reivindicando su esfuerzo. El Gobierno, en cambio, queda obligado a demostrar que puede sostener su política económica sin una de sus principales figuras.
Por Equipo de redacción
