Mié. Ago 26th, 2026

Áñez cuestiona la “soberbia” del Gobierno de Paz y reclama diálogo para evitar el aislamiento político

La expresidenta Jeanine Áñez puso el foco en dos problemas que, a su juicio, comienzan a marcar al Gobierno de Rodrigo Paz: la actitud de algunos ministros y la falta de una cultura de diálogo y acuerdos para gobernar. Su advertencia llega en un momento de fuerte tensión política, marcado por denuncias, investigaciones y disputas por espacios de poder.

Áñez sostiene que algunos ministros han mostrado una actitud de “arrogancia” y “prepotencia”, acompañada de una preocupante sensación de autosuficiencia. Su mensaje va más allá de cuestionar determinados comportamientos: plantea que el ejercicio del poder puede terminar alejando a un Gobierno de la realidad política y de quienes deberían contribuir a encontrar soluciones.

Para la expresidenta, los cargos públicos no convierten a nadie en dueño de la verdad ni son permanentes. Por eso considera que, después de los últimos acontecimientos, algunos miembros del gabinete aparecen políticamente debilitados.

Pero su principal llamado está dirigido a la manera de gobernar. “Gobernar no es imponer. Gobernar es escuchar, dialogar, corregir y construir”, plantea Áñez, en una crítica que coloca el diálogo político en el centro de la discusión sobre la gestión de Paz.

La observación cobra relevancia porque el Gobierno decidió buscar entendimientos individuales con parlamentarios en lugar de construir acuerdos institucionales con las distintas fuerzas políticas. Áñez advierte que algunos de esos acuerdos pueden estar condicionados por cargos o espacios de poder, aunque esa apreciación corresponde a su lectura política y no constituye, por sí misma, una denuncia probada.

Su planteamiento, sin embargo, abre una discusión mayor: ningún Gobierno puede resolver por sí solo una crisis económica, política e institucional que exige acuerdos más amplios.

Áñez también reivindica a los dirigentes que, desde distintas fuerzas, buscan aportar soluciones sin que eso implique convertirse en oficialistas. En esa lógica, cuestionar al Gobierno no significa querer que fracase, del mismo modo que tender puentes no significa respaldarlo políticamente.

Y lanza una advertencia adicional: las divisiones y errores de quienes hoy tienen responsabilidades políticas podrían terminar dando oxígeno a Evo Morales y al MAS. Para Áñez, evitar ese escenario requiere menos cálculo personal y más responsabilidad.

El mensaje termina con una idea sencilla, pero políticamente contundente: los gobiernos pasan y Bolivia queda. La pregunta, entonces, es si el Gobierno de Paz está dispuesto a escuchar antes de que la soberbia del poder termine convirtiéndose en aislamiento político.

Por Equipo de redacción

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