La decisión de Paz tiene una característica evidente: hizo escalar una grada a un funcionario que ya estaba dentro del Ministerio.
Morales conoce el Tesoro, el crédito público, la deuda y los mecanismos de financiamiento estatal. Tiene experiencia en proyecciones financieras, negociación de financiamiento con organismos multilaterales y análisis de sostenibilidad de deuda. Es, por tanto, un perfil técnico que conoce buena parte de los problemas que ahora deberá administrar.
Pero conocer el problema no es lo mismo que resolverlo.
Paz le pidió preservar la estabilidad, fortalecer las finanzas públicas, generar condiciones para la inversión, la producción y el empleo y recuperar la confianza en la economía. Morales, por su parte, habló de dar continuidad a las medidas adoptadas y profundizar aquellas que estén dando resultados.
Son objetivos razonables. Lo que todavía no aparece con claridad es la estrategia.
Y ese puede ser el verdadero examen del nuevo ministro.
Bolivia no enfrenta un problema que pueda resolverse acumulando anuncios. La presión sobre las finanzas públicas, la escasez de divisas, las dificultades con los combustibles, el acceso al financiamiento y el deterioro de la confianza forman parte de un mismo escenario que exige decisiones coordinadas y, sobre todo, una lectura precisa de la realidad económica.
Morales tendrá que demostrar si su experiencia acumulada durante años en las finanzas públicas puede transformarse en un programa de gestión capaz de ordenar prioridades, establecer tiempos y ejecutar medidas.
El país necesita saber qué se hará primero, qué se sacrificará, cuánto costará y cuándo deberían comenzar a verse resultados.
El nuevo ministro tiene además una ventaja y una dificultad: conoce desde dentro el modelo que venía aplicando Espinoza. De hecho, Morales fue incorporado por el propio Espinoza como viceministro de Tesoro y Crédito Público en noviembre de 2025.
Eso significa que no puede alegar desconocimiento de la situación. Pero también significa que tendrá que demostrar que puede hacer algo más que continuar una gestión que terminó políticamente debilitada.
La salida de Espinoza se produjo después de su censura en la Asamblea Legislativa y en medio de una creciente tensión política alrededor de la conducción económica del Gobierno. Reuters señaló que su salida ocurrió cuando Paz busca respaldo legislativo para reformas económicas y acuerdos de financiamiento internacional, mientras el país enfrenta escasez de combustible y divisas.
En las calles, además, comenzó a instalarse otra percepción sobre Espinoza: que el ministro terminó alejándose de la sensibilidad política y social que exigía el momento. La expresión coloquial de que “se le subieron los humos” pertenece al terreno de la percepción ciudadana, no de un hecho comprobado. Pero revela algo que un nuevo ministro debería tomar en serio: en una crisis económica, la forma de comunicar puede terminar siendo tan importante como la medida que se anuncia.
Por Equipo de redacción
Morales parece haber elegido, al menos en su primer discurso, un tono distinto: habló de humildad, responsabilidad y trabajo. Ahora deberá convertir esas palabras en gestión.
Porque hablar menos y hacer más puede terminar siendo la exigencia más concreta de la economía boliviana.
Paz ha fijado los objetivos. Morales deberá construir la estrategia.
Y ahí estará la verdadera medida de su gestión: no en la cantidad de anuncios ni en la cantidad de reuniones con organismos internacionales, sino en su capacidad para presentar una lectura integral de la crisis, convertirla en un programa de acción y ejecutar.
El ascenso de viceministro a ministro puede ser rápido. La recuperación de una economía en crisis, no.
