Sáb. Sep 12th, 2026

Suben los precios de la coca, pero no la demanda: “Puede faltar un almuercito, pero coquita no”

En los recorridos de CalleBolivia por calles, mercados y lugares de trabajo hay una escena que se repite: la hoja de coca está presente en la jornada de muchos bolivianos y su precio ya supera los Bs 50 por libra en algunas referencias, mientras en Cochabamba este viernes encontramos una cotización de Bs 60. Pero el dato que más llama la atención no está solamente en el precio, sino en la respuesta de los consumidores: pese al encarecimiento, la coca sigue siendo un gasto que muchos trabajadores no están dispuestos a recortar. Un constructor lo resumió sin vueltas: “Puede faltar un almuercito, pero coquita no”.

No parece ser un gasto cualquiera. En la calle, la coca acompaña horas de trabajo, conversaciones, descansos y jornadas enteras. Y cuando el bolsillo se aprieta, hay consumidores que prefieren recortar otros gastos antes que quedarse sin ella. La pregunta ya no es solamente cuánto cuesta la libra, sino por qué, pese a subir el precio, la demanda sigue firme.

CalleBolivia lo comprobó en uno de sus recorridos. Al consultar esta mañana en Cochabamba, el precio encontrado fue de Bs 60 por libra. La cifra contrasta con la referencia de Bs 50 reportada por el Gobierno y muestra que el consumidor puede estar pagando más según el mercado y la calidad de la hoja. Y, pese a ello, la demanda permanece.

Ahí aparece el dato que quizá explique mejor el fenómeno que cualquier estadística: un constructor contó que incluso podría faltar un almuerzo, pero no la coca. “Puede faltar un almuercito, pero coquita no”, dijo. Una frase sencilla que pone sobre la mesa una realidad económica: hay consumos que, aunque suban de precio, la gente prioriza y mantiene.

La hoja de coca, además, viene de una escalada importante. En 2021 se reportaba un precio promedio de apenas Bs 6 por libra; en 2025 el Gobierno hablaba de Bs 50 como referencia mayorista, mientras otros mercados registraban valores bastante superiores. El salto obliga a mirar no solamente al productor y al comerciante, sino también al consumidor que sostiene la demanda.

Sube la coca, pero no la demanda. Y en la calle, donde el bolsillo decide todos los días, quizá esté la explicación más clara de por qué un producto puede encarecerse y seguir siendo considerado indispensable.

Por Equipo de redacción

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