Reyes ya no parecía moverse en la misma vereda política que Unidad Nacional. La difusión del audio terminó de abrir la brecha y dejó al descubierto una relación con Cerimedo que su antigua organización considera inaceptable.
El calificativo de «deplorable» utilizado por la dirigencia no es un detalle menor: marca una ruptura pública y coloca al diputado a la defensiva.
En los fragmentos difundidos, el consultor argentino afirma haber hablado con Rodrigo Paz sobre cómo enfrentar los bloqueos. También aparecen referencias a posibles muertos y a una operación contra Evo Morales.
Son afirmaciones delicadas. No prueban por sí solas que el presidente haya autorizado esas acciones ni que se hayan ejecutado, pero exigen explicaciones sobre el contenido de la conversación y los contactos que Cerimedo asegura haber mantenido.
El audio coloca a Reyes en una posición incómoda: debe explicar qué buscaba con Cerimedo y cuál fue su postura ante las afirmaciones que aparecen en la grabación.
La ruptura con Unidad Nacional puede dejarlo sin el respaldo político de esa alianza, mientras la controversia amenaza con acompañarlo más allá de esta crisis.
Pero también hay una cuestión que alcanza al oficialismo: si Cerimedo tenía la influencia que se atribuye, ¿actuaba por cuenta propia o transmitía decisiones de alguien más?
El contenido del audio debe verificarse y contrastarse. Escuchar una propuesta no equivale automáticamente a respaldarla, y una afirmación de Cerimedo no demuestra que el Gobierno la haya convertido en una instrucción.
La responsabilidad de Reyes, la actuación de Cerimedo y cualquier eventual participación de autoridades deben establecerse con pruebas.
Por ahora, el costo político es visible: Unidad Nacional se distancia de Reyes y el legislador queda obligado a dar explicaciones.
Por Equipo de redacción
