Boliviana de Aviación (BoA), la aerolínea estatal que mantiene el monopolio del mercado aéreo en Bolivia, ha enfrentado serias dificultades financieras en los últimos años. Según el informe financiero presentado por su gerente, BoA perdió 50 millones de dólares entre 2020 y 2021. Las pérdidas continuaron en 2022 y 2023, aunque fueron menores, y en 2024 la empresa alcanzó un «equilibrio», es decir, no registró ganancias ni pérdidas significativas.
El empresario y político Samuel Doria Medina ha sido crítico respecto a la gestión de BoA. Durante una conferencia de prensa, Doria Medina señaló que a pesar de su posición monopólica, la empresa no ha logrado generar beneficios, lo que evidencia las fallas en el modelo de administración de las empresas públicas en Bolivia. Este modelo, según él, ha demostrado ser ineficaz y es una de las causas principales de la crisis económica que atraviesa el país.
Además de los problemas financieros, BoA enfrenta desafíos operativos significativos. La falta de dólares, cruciales para la adquisición de repuestos y mantenimiento de aviones, ha provocado una disminución en la flota disponible y, consecuentemente, una gran cantidad de retrasos en los vuelos. Estos problemas han afectado la confiabilidad y la reputación de la aerolínea, generando críticas tanto de los pasajeros como de los analistas del sector.
Para resolver esta situación, Doria Medina propone una transformación radical de BoA, enfocándose en la eficiencia y la reducción de prebendas. Plantea que las empresas públicas en Bolivia deberían operar bajo criterios de mérito y responsabilidad, similar a los modelos exitosos de otros países. Su compromiso incluye apoyar a los emprendedores como motor del desarrollo económico, argumentando que una gestión más profesional y menos politizada podría devolver la estabilidad y el crecimiento a la aerolínea estatal.
