Huarachi asumió la dirigencia en 2018, en un contexto de incertidumbre política tras la última gestión de Evo Morales. Su liderazgo sobrevivió al gobierno interino de Jeanine Áñez y se consolidó bajo Luis Arce, pero no sin costos. Con el tiempo, su prolongada gestión fue blanco de críticas, especialmente de sectores que lo acusan de haber convertido la COB en un apéndice del oficialismo.
El descontento con su liderazgo creció en los últimos años, con la Federación Sindical de Trabajadores Mineros de Bolivia (FSTMB) a la cabeza del reclamo por una renovación. “La COB no es un feudo”, advirtieron dirigentes mineros en recientes movilizaciones, exigiendo una dirigencia más combativa e independiente.
La salida de Huarachi deja abierta la puerta a una nueva etapa en la COB. La elección de su sucesor definirá si la organización recupera su carácter contestatario o si mantiene su alineación con el gobierno. Con un congreso en el horizonte, Bolivia observa expectante el desenlace de este capítulo sindical.
Redaccion central
