Mié. Sep 23rd, 2026

¿Qué significa “nivel adecuado” de deuda externa? Lo que no se dice detrás de los números

El Gobierno asegura que la deuda externa de Bolivia está en un “nivel adecuado” con relación al PIB, pero detrás de esa cifra se esconden desafíos que podrían afectar la sostenibilidad financiera del país en el corto y mediano plazo. Más allá del porcentaje, la capacidad real de pago y las restricciones externas ponen en duda la tranquilidad oficial.

El ministro de Economía, Marcelo Montenegro, afirmó recientemente que la deuda externa de Bolivia asciende a 13.806 millones de dólares, lo que representa el 25% del Producto Interno Bruto (PIB) nominal estimado para 2025, calculado en 55.117 millones. Esta proporción, aseguró la autoridad, indica que el país mantiene un “nivel adecuado” de endeudamiento. Pero, ¿qué significa realmente este término en el lenguaje económico?

Cuando un gobierno califica como “adecuado” el nivel de deuda externa, se refiere a que se encuentra dentro de los rangos considerados sostenibles por organismos internacionales como el Fondo Monetario Internacional o el Banco Mundial. En general, para economías emergentes, un nivel de deuda externa inferior al 40% del PIB se considera manejable. Bolivia, al estar en torno al 25%, se mantiene por debajo de ese umbral de riesgo.

Sin embargo, decir que el nivel es adecuado no significa que esté libre de riesgos. Es simplemente un indicador de que, por el momento, el país tiene capacidad de pago sin comprometer gravemente su estabilidad macroeconómica. Esta sostenibilidad se mide con base en varios factores clave: la posibilidad real de seguir cumpliendo con los pagos de capital e intereses sin afectar los gastos esenciales del Estado; la comparación de la deuda con el tamaño de la economía; la confianza que los acreedores mantienen sobre el país; y la relación entre deuda, reservas internacionales y balanza de pagos.

En el primer semestre de 2025, Bolivia pagó 764 millones de dólares en servicio de deuda externa, cumpliendo el 100% de lo programado hasta junio. Sin embargo, aún restan cerca de 1.096 millones por pagar en lo que queda del año, y algunos cálculos elevan ese monto a más de 1.800 millones. Aunque hasta ahora se han honrado los compromisos, la persistente escasez de divisas, las transferencias netas negativas y el bloqueo legislativo que impide el acceso a nuevos créditos podrían dificultar el cumplimiento del calendario de pagos en los próximos meses.

Además, desde 2023 Bolivia ha registrado transferencias netas negativas, es decir, paga más de lo que recibe en nuevos préstamos. Esta situación ha generado alertas en calificadoras de riesgo como Standard & Poor’s, que rebajó la calificación del país a “CCC-”, advirtiendo que la capacidad de cumplir con pagos futuros, especialmente a partir de 2026, podría verse comprometida sin un mayor acceso a financiamiento externo.

En resumen, el concepto de “nivel adecuado” transmite una aparente normalidad fiscal, pero encierra una advertencia implícita: la deuda aún no ha cruzado el umbral de peligro, pero las condiciones económicas internas y externas exigen precaución. Mientras Bolivia siga pagando a tiempo y mantenga su proporción deuda/PIB dentro de los límites aceptables, podrá seguir hablando de sostenibilidad. No obstante, si no se toman medidas para fortalecer las reservas y mejorar el flujo de ingresos externos, ese equilibrio puede deteriorarse más rápido de lo que los discursos oficiales están dispuestos a reconocer.

Redaccion central análisis

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