El choque entre Rodrigo Paz y Evo Morales subió de temperatura y dejó una escena pocas veces vista: un presidente que, sin rodeos, desnudó la maniobra política del exmandatario y lo invitó —con ironía quirúrgica— a salir del Trópico y presentarse “como dirigente más” en La Paz. Paz no sólo desactivó el pliego petitorio que Evo presentó como si fuera un ultimátum, sino que además lo describió como “un mañudo”, dejando ver que su paciencia con el líder cocalero llegó al límite.
El pliego, que Morales intentó imponer como un documento de poder territorial, terminó convertido en un boomerang. Paz lo leyó como “trampa política” y lo respondió con una frase que dolió más que cualquier argumento: “Que venga a La Paz, lo recibirá un ministro. Aquí no hay privilegios para mañudos.” La frase se viralizó porque, sin decirlo abiertamente, colocó a Evo en el lugar donde más le incomoda estar: el de dirigente regional sin influencia nacional.
Y mientras su entorno intentó salvar el gesto asegurando que Evo “está listo para asistir”, el daño ya estaba hecho. La escena dejó al descubierto que Morales intentó recuperar protagonismo a través de demandas sociales, pero terminó siendo invitado a formarse en fila como cualquier federado. Paz le quitó la narrativa, el escenario y el control de los tiempos, forzando a Evo a entrar en un terreno que él no domina: el institucional, sin movilización ni presión territorial.
Con esta respuesta, Paz no sólo desactivó la jugada del Trópico, sino que mostró algo más audaz: que el viejo estilo de gobernar a punta de ultimátums ya no funciona. Y si algo irrita al “mañudo” más famoso del país, es exactamente eso: perder la iniciativa. Esta vez, Evo no salió a marcar la agenda; lo dejaron esperando turno.
Redacción central La Paz
